El sueño de Park


Corre el minuto 89 del partido número diez del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Ji Yun-Nam se zafa del defensa rival, regatea al portero, lanza y anota un gol histórico. Acaba de marcarle un tanto a la selección de Brasil, el mejor equipo del mundo.

En ese mismo instante, a trece mil kilómetros de distancia, Park Nen Il observa la acción del delantero desde su televisor. La señal de la retransmisión está vetada por el Gobierno. Con la ayuda de un compañero, sin embargo, ha conseguido captar una emisora estadounidense mediante un artilugio parabólico de fabricación casera, el cual ha conectado a su televisor portátil. Park y su compañero ven el partido en una habitación cerrada bajo llave. Ambos son conscientes de que si alguien los descubre serán azotados y enviados directamente a la cárcel.

Pese a ello, Park Nen Il celebra pletórico el primer gol de su país, Corea del Norte, en un mundial de fútbol. Desde que era un crío veía en la televisión las cintas de vídeo extranjeras que el vecino de la esquina le proporcionaba, bajo cuerda, a su padre. En algunas de ellas, dos niños llamados Oliver y Benji jugaban al fútbol durante horas. Eran unas estrellas y nunca se cansaban. Park quería ser tan buenos como ellos, jugar al fútbol en esos estadios tan lujosos de Japón.

Han pasado varios años desde aquella etapa, pero entre los innumerables sueños que Park Nen Il tiene a sus dieciséis años, sigue presente el de convertirse en un futbolista profesional. Si bien, ahora el motivo es muy distinto. Y Park se ha percatado de ello mientras celebraba el histórico gol de Ji Yun-Nam.

Aquel delantero, de imponente porte, ha logrado salir de su país con permiso oficial del Gobierno. Ha recorrido cientos de ciudades y visitado decenas de países. Ahora, por si fuera poco, está en Sudáfrica, un país en el que siempre es de día. O eso al menos le contaba su abuelo de pequeño antes de irse a dormir.

Si fuera delantero de la selección de Corea del Norte podría abandonar el país. Y, quién sabe, durante el descanso de uno de los partidos quizás conseguiría salir huyendo para no volver jamás, piensa Park mientras clava sus ojos en el televisor.

Un sonido chirriante lo sobrecoge de pronto. A él y a su compañero. Es la sirena de la fábrica. A toda velocidad, desenchufan el televisor, abren minuciosamente la puerta, vigilando siempre que nadie les descubra. Con disimulo, abandonan la sala en la que estaban viendo el fútbol y cada uno se dirige a su respectiva cadena de montaje. A Park Nen Il le toca hoy soldar, con ayuda de una máquina, los paneles térmicos del Jabulani, el balón oficial del Mundial de fútbol de Sudáfrica.

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Acerca de Angel Espínola

Periodista y Community Manager. 25 años. Con un Master de Escritura Creativa. Interesado en #Cultura, #Carnaval, #Política, #Deportes, #Literatura, #Salud, #Comunicación, #Marketing. Vivo online. @angelyespinola
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